13.1.08




Verá usted...
No es que quiera parecer ansioso hasta el cansancio, o pecar de impune manoseador de clavijas para que todo suceda como quiero, como si dibujase el surco de un agua que corriera y se deslizara justita en el cuello de una botella, sin derramar ni una gota permitida.
No es que tenga ganas de apurar sucesos, de mover hilos y que los brazos y las piernas en una marioneta que me baila sobre la mesa. Vería la marioneta, vería el baile y danzaría con ella si pudiera, si no tuviera que sostener los hilos para que no se desplome.
No es que no pueda consentir ausentarme del calor que espero, otro poco más.
Pero entienda el silencio con que espero, el secreto con que amparo los espacios que quedan mientras no quiero apurar, ni convenrtirme en una bajada veloz y desesperada. Quizás así, si viera usted como cuentan con voces altas su historia cada cosa que veo, si notara cómo se dibuja la marca que deja el té en la mesa de mármol y adivinara sus propias facciones, si de desasosiego encontrara tapizados los muebles en vez del polvo que también en está pero no se queja tanto, quizás entonces comprendiera que ya estoy más cerca de querer cortar los hilos que de querer amarrarla a usted.
No es que quiera parecer trágico y exagerado, si me basta la simpleza del éxito que tiene el tiempo para sucederese día tras día para completar las líneas que le faltan a cualquier frase.
Hay tiempos y tiempos. Los que pasan, los que espero, los que demoran en pasar y quisiera destruir, cortarlos y arrancar la paginita en blanco en este bloc de notas.
Usted no lo nota, seguramente, pero tengo la memoria perfectamente desarrollada para recordar su perfume, su vientito dertás suyo, su aire a que llega y nunca se va, a caricia y a verano, a pupilas en ojos que delinean un contorno, en una rambla, bajando por la pequeña callecita y queriendo que la vean. Ni las manos más toscas y maltratadas podrían dañar la suavidad, o quebrar el equilibrio.
Verá usted, no crea, no crea que deseo que se entere. Ni siquiera tengo el descaro de insinuarle que no quiero que piense mal de mí.
Así que no piense mal. Mejor... mejor hagamos como que no dije nada, y mañana cuando duerma, tan lejos donde quiera estar, recuerde cualquier cosa menos a mí, que ya tengo los dedos aburridos de querer manejarle la marioneta.






* La foto es de Fotonetas, de un personaje llamado Galeano, viejo conocido de aquel que alguna vez escuchó un tema llamado El Viejo, de una banda también conocida.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que belleza.

JuanT dijo...

Me gustó la contradicción del princpio, ese querer y no querer controlar la marioneta, diciendo que no pero al final afirmando que sí, aunque eso no lo deje bailar al lado de la marioneta. En fin, me gustó mucho el relato, entiendo un poco por qué Galeano ahí, (vivio un par de semanas a dos cuadras de casa, con sus mil perros, pero no viene al caso, te lo quería contar nomás), sosteniendo la flor como quien sostiene una mujer frágil.

Bueno, disculpame que el comentario no quede demasiado cerradito, pero ya me quedé sin palabras, solo repito unas: muy bueno, muy muy bueno.

Lupe dijo...

Cuaaaaaaaaanta poesía!

kemero!! dijo...

yo vi la foto e iuba a hacer un comentario sobre q era el viejo de la vela y definitivamente era el viejo de la vela o algo parecido jajajajajaja

q lindo texto!!!

igual despue slo voy a leer con ams detenimiento porq esta pc es lo mas precaria q puede existir en el universo de las computadoras (?)

pero tiene windows XP y windows live messenger (?)