5.5.07

La semilla era una semilla normal, pero con capacidades. Podía ser lo que quisiera ser. Neranjo en sus arranques de generosidad, en sus etapas más dadas. Podía ser flor de mil olores y colores, podía crecer hasta el cielo o enredarse en el suelo.
Le llovía la tierra árida dos por tres, le daban de comer arena seca, inundaciones, sequías que duraban meses. La querían matar de sed.
Y ella agonizaba al borde de sus fuerzas, recordando lo tiempos en que florecer para todos lados no era pecado capital, ni contradicción del interés de algunos.
Pero aguantaba, quien sabe porqué causa, y buscaba hasta encontrar la tierra fértil. Y cuando encontraba el sitio perfecto para florecer, era un terremoto de reíces, un paraíso en flor, un ejército de hojas verdes alzándose en la inmensidad, sin cielo por límite, sin machete afilado para cortarle el tallo. Era invencible.

2 comentarios:

Jeza dijo...

Me desespera no volver a florecer...
Quiero ser como esa semillita :D
Besos viajeros, muchacha!

Emerre dijo...

Está bueno.
Parece un texto de Galeano pero mucho mejor.