13.8.07

Yo ya no sé si uno es uno o son las tristezas que lo componen.
Alguien me dijo hoy que se siente una bolsa de sueños medio rotos. Que no sabe si es la bolsa la que está rota o son los sueños. “O se caen o ya están rotos” dice y mira el suelo despacito, como siempre.
Al estar mal, subimos a lo alto del monte. Y desde ahí, la ciudad formada de pequeñas perlas y arena sonríe tranquila. Ni esa brisa, ni esta lluvia, ni el sol de tantos veranos pasados le mueven un pelo. No avanza en el tiempo y las carreteras, no sufre la falta de luz a la noche. Es, respira aire salado, se moja los pies en el agua y se vuelve a dormir.
Esa tranquilidad no está en nuestras cabezas, huracanes. ¿Qué le pasa a la gente, qué nos pasa? Hay tantas corrientes de aire y nuestros oídos no escuchan ni al viento. Cegados, sordos, con ganas de irnos a no parar más.
Cuesta encontrar la ternura en donde sea que viva, y la solidaridad no ayuda más. Se vuelve hostil el otoño, que ya se dejó ganar por el invierno. Anuncian falta de primavera.
Hoy el cielo estuvo claro y daban ganas de respirar. Mañana quizás se vista de seda blanca y el mar se vuelva loco y una nube más me entre en la cabeza. Nunca me gustaron los paraguas.

4 comentarios:

Dit. dijo...

Ya no quiero perderme en abismos.

Pabloide dijo...

Me matan de ternura tus textos...

Pa ti dijo...

a mi tampoco me gustan los paraguas




gracias por la bienvenida

Jeza dijo...

Tal vez los parques no sean los únicos que florezcan el 21 de septiembre... quizás nos toque a nosotros también.
Salú!