7.6.06

Que sus manos tienen poderes sobrenaturales.Eso le dije. Y me miró, como pensado qué responder, quizás buscando corresponderme de alguna forma. Yo sabía que no hacía falta que dijera nada, que nunca busqué que me respondiera de alguna forma. Solo quería que lo supiera, parte de mi necesidad de sinceridad. ¿Cómo habría sido posible tomar café, comentar a Nietzsche, apurarme con el tema de la guitarra o decir hola y chau si no sabía nada de sus manos hechas de asteroides?
Por eso le dije. Porque ese pensamiento me acosa siempre que hacemos todo o nada. Cuando con la cucharita revuelve el café, cuando pasa la página del libro amarillento, cuando se acomoda un mechón o se toca la barba. Algo más pasa. Y no quiero mentirle, quiero que mi sinceridad le sirva de algo.
Pensé en regalarle la quinta que le está faltando... sé que precisa de ella, a veces lo siento extrañar rasgar las cuerdas. Además, la música implica sus manos para hacerla y ese ya es un buen indicio.Sé que no entiende del todo lo que quiero decirle. De hecho, pensando que era una de las tantas bromas que suelo hacerle, empezó a hablar de los cuatro fantásticos, Superman y no sé cuanta cosa más.
Vos no entendés de qué te hablo yo, le dije. Y no. Yo quería explicarle que a veces el universo se hace chiquitito y se le mete entre los dedos, se le esconde en las palmas y baila un vals. Quería hablarle de los poderes esos que hacen que uno crea en el poder de la naturaleza humana y sienta, y se ría de la capacidad de tacto. Quería explicarle que no todo el mundo sabe hacer eso que hace él y que yo llamo magia.
Me dijo que soy algo rara y que le gustaría tomarse su tiempo para analizar lo que pienso.Yo le dije, mientras me acomodaba la mochila en los hombros y después de darle un beso de despedida, que no le echaba la culpa.

2 comentarios:

Jeza dijo...

Bello, Maru.
Me encanta la manera que tenes de decir las cosas!
Magia: es lo que hay en tus escritos.

Salú!
Jeza

Rafaela dijo...

Gigante. Simplemente gigante.